jueves, 29 de octubre de 2015

CUERPAZO DE CUARENTA Y DOS

Relato escrito para el número 5 de la revista GANSOS SALVAJES (Verano 2015). No os la perdáis, es más que recomendable!


Me levanto con la sensación de que hoy es mi día. Camino sinuosa por el pasillo, sin braguitas bajo la camiseta. Mi niño está con su padre un par de días en el campo y yo me siento libre. Libre y decidida, como una adolescente en su primer día de playa, estrenando biquini.

De fondo suena el Pata Pata de Miriam Makeba. Hoy es uno de esos días en los que enciendo el spotify antes de desayunar. Me alimento de música desde que nací. Me da alas y es buena para quitar penas.

Reflexiono. No es fácil separarse, no es fácil volver al “meat market” a los cuarenta y pico. Cuando se supone – yo discrepo- que las mujeres empiezan a volverse invisibles al mundo. Cuesta unos meses reconectar con lo que una era, con aquella mujer de los 20 o de los 30 que se movía a sus anchas en el mundillo masculino, con aquella sexualidad maravillosa e intensa, y, tal vez, un tanto desenfrenada.  

Cuesta un rato despedirse de lo que ya no nos interesa, dejar el personaje y abrazar este cuerpo nuevo que ha parido, que somos ahora, mucho más exigente que el anterior, mucho más selectivo. Tal vez con unos kilos de más, con cambios de talla o de pecho, menos firme, más redondeado, pero sobre todo con una sensación de presencia y fuerza interna que nunca tuvo antes. Regalos de la maternidad inesperados.

Me he dado cuenta de que ya no dependo de la mirada del otro. ¡Qué alegría! Y eso que el otro sigue mirando, digan lo que digan las revistas de siempre y los anuncios de cosméticos antiarrugas, empeñados en hacernos desaparecer o pasar por el aro. Yo, por principios, me niego a su mandato. No hago dieta, a no ser que sea por salud, no me juego mi piel con rayos UVA, no pruebo productos milagrosos. Yo soy yo. Soy así.  Y a quien no le guste que no mire. Pero miran, igual miran. Era todo mentira.

Hoy estoy ovulando y cuando ovulo mi cuerpo pide macho, pide fiesta. Es así de simple, la ley de la vida, si no tal vez nos habríamos extinguido. Mis hormonas no respetaron ni siquiera la lactancia, en mi caso no había prolactina que pudiera con la ovulación. ¡Qué maravilla sentir ese subidón hormonal y volver toda esa sexualidad hacia mí! Amarme como nunca. Caminar con firmeza desnuda por casa, sentir mi sexo receptivo, acariciarme, volver a la cama sólo para mí. Cuando ovulo, me convierto en una fiera salvaje. Espero no ser la única.

Paso por el espejo desnuda, me paro y me observo con deleite. Para mi sorpresa, de mis labios sale una frase que me deja patidifusa: “Cuerpazo de veinticinco”, ¡Ay señor! tantos años de patriarcado que hay que corregirse rápido para no desaparecer… “De eso nada monada, qué coño, cuerpazo de cuarenta y dos, y a mucha honra”. Voy a desayunar al fin ¡Vaya calor este verano!

Myriam M.

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