lunes, 24 de agosto de 2015

C'est la vie

  La dénonciation (1)


A veces el deseo le caía por las piernas. Era algo casi físico, real… Una fuerza telúrica que le salía del sexo y se expandía por todas partes, también hacia arriba, hacia el pecho, por los brazos, la nuca, las orejas, la boca, los pezones. Ella cerraba los ojos.

Vivir con ese deseo punzante era delicioso. No apagarlo. No satisfacerlo. No dejarlo salir… Retenerlo para vibrar al máximo, para escribir historias. "Las locas de la escritura somos así", emulaba a Marguerite

Entonces acariciaba su colección de vinilos de Jazz a palma abierta. Los dejaba crujir, los olía y se multiplicaban los placeres. Fetichismo puro y del bueno el de Morgana.

Chet Baker, Miles Davis, Ornette Coleman, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Benny Goodman, Sonny Rollins, John Coltrane... sex, sex, sex, maybe sax.

Nadie, excepto David Bowie en su Wild is the Wind había logrado igualar ese efecto. Deseo bramando. Deseo hecho canción. Deseo insatisfecho para seguir siendo deseo. Deseo hirviente incluso más allá del sexo... Piernas abajo, así era Bowie. Piernas abajo y pegadizo.

Se apretaba los pechos, con fuerza, pero reprimía el gemido. Aguantar, resistir... Como con su amante, el de los polvos de tres horas, el de estallar de placer, casi textual. Morir deseante y deseada. Morir follando y sin futuro. Eso también es amor.

Morgana, la mujer sujeto, activa, super-yo, histriónica hasta la medula, enamorada de sí misma, de ser, de existir e existirse… Inventada para esto, para el placer y el gozo, al fin y al cabo.

Y él, él que podía aparecer en cualquier parte. Él por delante, por detrás, por arriba, por debajo... Llegaba tarde a veces, pero siempre a la hora. Siempre a punto. Siempre suyo (de él mismo) y ella siempre suya (de ella misma, tal cual).

Bacanal de ecos y de egos, placeres multipes y multiplicados hasta la saciedad.

A veces llegaban al orgasmo sin tocarse, sin verse, sólo de pensarse, sólo de caminar, de bailar en solitario, incluso en la distancia, incluso al unísono.

Otras, en sueños, él la venía a visitar de lejos. Bowie sonaba y sonaba hasta estallarle la cabeza y las piernas. "¿Musica para follar? yo soy de bucle", susurraba Morgana.

Y entonces se dejaba gritar lo maximo, hasta dejarse ir lo indescriptible, temblar, gozar como una perra... y ser el cotilleo de sus vecinas, amantes del civismo y la convivencia.

Así de simple y de complejo era el deseo de Morgana, y todo al mismo tiempo. C'est la vie!




Myriam M.

(1) Françoise Brion en La dénonciation de Jacques Doniol-Valcroze (1961), un ejemplo clasico del arte del striptease. En esta ocasión cargado de complicidad.




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