domingo, 12 de julio de 2015

La pasión de Morgana

Creo que nací con el deseo bramando en mi boca. Vine al mundo desnuda y, desde entonces, deseé el contacto del aire con mi piel. Cuando me visto - mejor dicho, cuando me disfrazo, porque mi único vestido es mi cuerpo- sólo deseo exagerar lo que hay debajo del ropaje: medias con liguero que se caerán tarde o temprano, faldas llamativas fáciles de desatar, zapatos fetiche que esconden la verdadera lujuria de mis pies, e incluso el rouge exagerado de mis labios que solamente resalta la carne que hay debajo, lista para ser besada, mordida, abandonada.


John Carroll Doyle

El abandono es lo que más aviva mi deseo. No puedo desear nada que permanezca, un hombre o mujer que decida quedarse a mi lado está predestinado al dolor. Por eso elijo concienzudamente: intelectuales egocéntricos que sólo pueden enamorarse de sí mismos o artistas histriónicos que tienen en su disciplina su único amor. No quiero que la vida me depare más sorpresas.


En mis momentos bajos soy adicta al sexo de todo tipo y a la adulación. Mi pubis desnudo (tengo fobia al vello desde que era niña) acoge y arremete con todo lo bello que se le ponga por delante. Y es que, cuando una se siente lodo, es el deseo del otro lo que la convierte en estatua y de ahí en cuerpo. Como buena Ave Fénix renazco al contacto del semen o del flujo gustoso de alguna mujer; eso sí, siempre mayores que yo, que me sigo considerando una niña.


Mi deseo más escondido es el de disfrutar un número par de veces de la sensación de saciedad de todo aquello que se asemeja a la perfección; por eso escucho dos veces la misma pieza, releo dos veces la misma página e incluso tengo mis orgasmos en número par. Aunque hay algo en mi vida que parece romper esta tradición y no es así: un viejo sillón negro de lectura (heredado de mi abuelo) y un pendiente solitario de perla negra, que hace pareja con el sillón de cuero, y que es la única pieza que soporta mi cuerpo cuando me sumerjo en la más febril de mis pasiones: una buena lectura poética a ritmo de jazz.

Myriam M.

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