jueves, 13 de octubre de 2016

Lilith y el broker

        

"El señor Darling solía ufanarse delante de Wendy de que su madre no solamente lo amaba sino que lo respetaba. Era uno de esos hombres que conoce perfectamente la cotización y las    acciones. Por supuesto que, realmente, nadie las conoce, pero él lo aparentaba, y tenía un modo de decir que la cotización subía y que las acciones bajaban, que cualquier mujer le hubiera respetado" J.M.Barrie, Peter Pan



En el corto tiempo en el que el señor Darling subía por el ascensor, yo ya me había arrancado literalmente el vestido. Me gustaba esperarlo así, sin ropa alguna, sólo con las gafas de vista, las de leer, para más inri. Al señor Darling le ponían mis gafas, al igual que mí me volvían loca su americana y sus números. ¡Qué le iba hacer yo, si él era todo matemáticas, estadística, música y los músicos son parte de mi vida!

miércoles, 17 de agosto de 2016

I Wanna Be Your Dog





“So messed up, I want you here
In my room, I want you here
Now we're gonna be face-to-face
And I'll lay right down in my favorite place”


Bailábamos como locos. Bailábamos como si no hubiera mañana. Bailábamos en vertical, en horizontal. Bailábamos desnudos durante horas. Bailábamos antes. Bailábamos después. 

Tenías la misma cara de vicio que cuando aporreabas la batería. A mí me gustabas así, bien guarro, sin tapujos, sin miedos, salvaje, joven, sin medias tintas.

Bailábamos Violent Femmes, The Clash, The Kinks, Ramones, Dictactors, The Who, MC5….Bailábamos todo lo del pasado y lo que estaba por llegar. Bailábamos hasta caer desmayados... Y entonces follábamos para rematar, follábamos una y otra vez. En el plato The Stooges. Now I want to be your dog, cantabas. Well, come on. Tu perra era yo.

Myriam M.






viernes, 11 de marzo de 2016

Reflexiones (I)



Jason, by R. Mapplethorpe


Reflexiones (I)
He decidido que podríamos empezar haciendo el amor como si no hubiera pasado nada.

viernes, 12 de febrero de 2016

Sweet Little Nipples



Le Miroir- Christian Coigny

Llueve sobre Boston. Ella Fitzgerald nace en Newport News, Virginia, el 25 de Abril de 1917. Morgana podría ser Dirty de Georges Bataille. First you say you do and then you don’t. Pequeña muñeca blanca de porcelana. Abre los ojos ciegos de Peter. Escupe gritos como una locomotora sin girasol. Yo adoraré tus pechos minúsculos hasta el amanecer. Tus pezones rosados.

viernes, 13 de noviembre de 2015

JUST YOU, JUST ME

“Just you, just me
Let's find a cozy spot
To cuddle and woo...”
Nat King Cole





“Al Séptimo Infierno”, dijimos a dúo con las voces todavía excitadas. El taxista, chicano, adicto a Elvis Presley, nos miró de reojo por el retrovisor y apretó el acelerador. Supongo que olíamos a sexo, que nuestro aliento todavía dejaba escapar vahos lascivos de whisky del bueno, que la música - que aún sonaba en nuestros oídos - se deslizaba fuera de nuestras cabezas olvidadas con el pudor en casa. No podíamos dejar de acariciarnos, nuestras manos se movían solas desobedeciendo la compostura del resto del cuerpo. Eso debía pensar el taxista, que transportaba cuerpos, por el modo en que observaba los pechos desnudos de Nerea, que quedaban al descubierto sobre su desabrochado vestido de leopardo. Just you, just me, la maravillosa canción con la que habíamos sincronizado los últimos orgasmos de la tarde, seguía sonando ininterrumpidamente en el cuarto gris junto a las falsas promesas ¡Qué fácil jurar amor eterno oyendo un Blues, lo habíamos hecho tantas veces!... Pero ahora, sólo éramos seres que se dirigían, frenéticamente, hacia el infierno (si es que no vivíamos perpetuamente en él). La vida era Jazz. El resto, todo lo demás, era la muerte... El Séptimo Infierno estaba a reventar - como todos los séptimos infiernos del mundo, allá donde estuvieran, en París, en Nueva York, en el Bourbon Street de Nueva Orleáns - repleto de hombres y mujeres endemoniados, que movían sus cabezas y ondulaban sus cuerpos sensuales con determinación. Bohemios enfermizos, fanáticos del Bop, locos y locas que sólo allí tenían sentido, parásitos del negro, del rojo, del terciopelo, adictos a las botas de serpiente y a los zapatos bicolor... Un olor agradable a sudor humano invadía la sala, cientos de pechos femeninos se movían, de derecha a izquierda, liberados del sujetador. Todo es místico en el Jazz. El Jazz es dios, maldito, omnipresente, más pagano que nunca. La voz desgarrada de una mujer, tarareando I’ve Got the World on a String, hacía susurrar en la oscuridad miles de caderas solitarias. El humo acariciaba los rostros sudorosos, mientras la cantante contraía su cara, acentuando todas y cada una de las sílabas, como en un orgasmo perpetuo. Un instante después, Mike el gordo, trompetista negro de origen cubano, violaba el ambiente con su sonido extático. El mundo se detenía y nos recordaba que estábamos perdidos y que así de apetecible era el abismo... Mientras, en algún lugar, en alguna habitación perdida de algún Harlem del mundo, en su Séptimo Infierno particular, alguien más hacía el amor con Nat King Cole...

MYRIAM M.

Hedonia forma parte de un libro ilustrado de relatos para adultos que fue finalista de los premios Junceda. Es un proyecto realizado junto al ilustrador Negrescolor. Si quieres adquirir tu ejemplar, ya quedan muy pocos, puedes hacerlo aquí o escribiendo un e-mail a elguantenegro@gmail.com.





HEDONIA ¡Oferta PRIMAVERA!

domingo, 1 de noviembre de 2015

PIANO 1


 Thelonious Monk, Minton's Playhouse, New York, 1949,  

Cuando suenen los pianos de la noche,
cuando la misma, como los dedos de Thelonious Monk
-tiesos, tal vez con manicura-
te acune con sus uñas de hierro.

jueves, 29 de octubre de 2015

CUERPAZO DE CUARENTA Y DOS

Relato escrito para el número 5 de la revista GANSOS SALVAJES (Verano 2015). No os la perdáis, es más que recomendable!


Me levanto con la sensación de que hoy es mi día. Camino sinuosa por el pasillo, sin braguitas bajo la camiseta. Mi niño está con su padre un par de días en el campo y yo me siento libre. Libre y decidida, como una adolescente en su primer día de playa, estrenando biquini.

lunes, 14 de septiembre de 2015

RECONCILIÁNDOME

Sarah Vaughan by Herman Leonard, NYC, 1949.
Yo siempre fui mujer de otoño, nariz de lluvia pegada a la ventana, calles de lluvia sin paraguas, paraguas abiertos a deshora y hojas caducas. Yo siempre fui tronco desnudo delante del espejo, confidente de un sol en retirada que chochea en sus últimos destellos, con la resignación sensata de lo viejo, del reloj que adelanta.

lunes, 24 de agosto de 2015

C'est la vie

  La dénonciation (1)


A veces el deseo le caía por las piernas. Era algo casi físico, real… Una fuerza telúrica que le salía del sexo y se expandía por todas partes, también hacia arriba, hacia el pecho, por los brazos, la nuca, las orejas, la boca, los pezones. Ella cerraba los ojos.

Vivir con ese deseo punzante era delicioso. No apagarlo. No satisfacerlo. No dejarlo salir… Retenerlo para vibrar al máximo, para escribir historias. "Las locas de la escritura somos así", emulaba a Marguerite

Entonces acariciaba su colección de vinilos de Jazz a palma abierta. Los dejaba crujir, los olía y se multiplicaban los placeres. Fetichismo puro y del bueno el de Morgana.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Love me Two Times


Free Love- Robert Altman


Se nella montagna
vi è chi guarda e chi sogghigna, non è per niente ch ‘io
cado ai piedi del primo venuto.[1]
AMELIA ROSELLI

No somos tinieblas. Me repito la frase mentalmente una y otra vez. No somos tinieblas. Before you slip into unconsciousness. I'd like to have another kiss. De nuevo los Doors. Peter canta. Another flashing chance at bliss. Another kiss. Agradezco la impulsividad de sus dedos de bajista. Su afición patológica al número dos. Dos cervezas. Dos mensajes. Su cuerpo alargado de aprendiz de jirafa. Dos orgasmos. Dos polvos. Enclose me in your gentle rain. Lo veo escondido en mi regazo. Dos pezones. Dos muslos. When we get back, I'll drop a line. Su boca enorme de lactante maduro. Pruebo a introducir de un golpe los cinco dedos. Los deslizo por el vientre. Los sitúo sobre mi sexo junto a los suyos. Le pido disculpas a propósito. Ríe. Abre y cierra sus ojos bicolor. Hoy me han parecido verdes.

lunes, 17 de agosto de 2015

El beso de Lilith




"From Here to Eternity"(1)

Lo recuerdo tan bien. Tenía trece años. Nos estrenábamos una amiga de mi prima y yo. Un bar de moda entre adolescentes, los pertinentes sillones, aquel chico alto del instituto, esos ojos verdes… Yo supe besar a la primera. No había tenido que practicar nada. Me desenvolvía entre lenguas como si lo hubiera hecho toda la vida. Hay quienes nacemos para el amor y quienes nacemos para besar ¡Cuánto he besado en estos años! No puedo recordar algunos, pero otros sí, otros muchos sí, porque dejaron huella. Algunos por lo tímido, otros por lo voraces, algunos por la lengua de serpiente, otros por atravesarme el paladar; unos por besar despacio, otros por besar deprisa, otros por el dolor de tres día de aquellas barbas incipientes mal afeitadas; unos por lo recatado, otros por lo húmedo.

miércoles, 5 de agosto de 2015

HEDONIA



“Holy the groaning saxophone! Holy the bop
apocalypse! Holy the jazzbands marijuana
hipsters peace & junk & drums!”
Allen Ginsberg

Ser amante de una banda de Jazz no era nada extraño en aquellos días. Pero ser la amante de una banda de Jazz, con todos sus integrantes y todos sus instrumentos, era casi un acto de adoración pagana a una especie de dios en vías de extinción. Como músicos, diría más, como hombres, uno a uno, en solitario, todos eran amantes sensuales, creativos y autosuficientes. Como grupo, tanto al actuar como en el sexo, todos se fusionaban sin perder la identidad: eran grandes hedonistas, dispuestos a compartir (a base de notas o de clímax jazzístico) su placer por vivir.

La banda, mi banda, que no tenía nombre, estaba formada por ocho instrumentos: dos guitarras (una con slide), un bajo, una trompeta, un saxo, un piano, una batería y una voz. En cuanto a los hombres que se escondían detrás de cada uno de estos instrumentos (de los cuales habían aprendido la manera de hacerme el amor) estaban: Jimmy, el guitarrista anglosajón, cuyos dedos recorrían con una precisión infernal mi espalda, mientras arqueaba la cabeza y fijaba la vista, obsesivamente, en mi piel bajo sus manos;  Mitsos, griego, el otro guitarrista, adicto al slide y a deslizar el frío del metal sobre mi clítoris, a la vez que me besaba escondido detrás de su sombrero de ala negro; Matías, el bajista argentino que me tensaba el cuerpo, estirando de la nuca y las nalgas, para presionar después sus dedos con firmeza sobre mi carne indócil, mientras decía que con la cabeza; Ibrahim, el trompetista cubano que gustaba de apretar con fuerza sus labios carnosos de hombre negro contra mi ombligo, mientras soplaba extático, con los ojos cerrados e hinchando sus mofletes, antes de deslizar su potente boca más allá; Josuah, el australiano adicto al falo amarillo, huido de Melbourne por amor, que siempre atrapaba uno de mis pezones entre sus labios y bizqueaba los ojos, mirándose la nariz, mientras movía (como un poseso y sin perder el ritmo) las dos manos y la delicada pelvis; John, el pianista mulato, oriundo de Nueva Orleáns, que me sonreía durante horas con sus dientes blanquísimos, y al que le gustaba que me sentara sobre él en la banqueta cuadrada y le cabalgara, mientras seguía acariciando las teclas del piano, con las dos manos, sin parar de tocar, ni siquiera cuando alcanzaba el orgasmo; Marc, el batería catalán que siempre me pedía que le dejase golpear con las baquetas mi generoso trasero delante del espejo, mientras se mordía el labio inferior y ponía la misma cara de vicio que cuando follábamos; y, por último, Reinaldo, el solista brasileño guapísimo, al que le gustaba cantar What a Wonderful World  con la cabeza hundida entre mis piernas, para soltar después un buen número de deliciosas sílabas sin sentido en mis hiperbesados oídos femeninos...


Lo mejor, verlos actuar a todos juntos, tocando una canción orgásmica como Caravan, mientras una (sintiéndose la más diosa del antro) se imaginaba tumbada boca abajo, vestida únicamente con sus armas de Musa (las botas negras, los guantes y las medias de red), esperando la llegada de todos sus tentáculos, y disfrutando de ser, como bien dice mi amiga Betibú, una blue note  en esto del Jazz...

MYRIAM M-

Hedonia forma parte de un libro ilustrado de relatos para adultos que fue finalista de los premios Junceda. Es un proyecto realizado junto al ilustrador Negrescolor. Si quieres adquirir tu ejemplar, ya quedan muy pocos, puedes hacerlo aquí o escribiendo un e-mail a elguantenegro@gmail.com.




HEDONIA ¡Oferta PRIMAVERA!

viernes, 24 de julio de 2015

MADRID-BARAJAS



Odio madrugar. Odio coger el puente aéreo lleno de ejecutivos neuróticos que se aflojan la corbata a las 8 de la mañana. Hoy es miércoles 31 de agosto y mañana trabajo. Odio el trabajo. Odio no pasar desapercibida entre tanto macho cabrío aunque lo intente. Y es que no hay nada peor que ser treinteañera, pelirroja y estar un poco rellenita. A la mierda todos los nuevos cánones de belleza, un buen culo de una talla 42, más o menos compacto, y una larga melena rizada siguen levantando pasiones.

viernes, 17 de julio de 2015

FLAMENCOJAZZ



 Robert Mapplethorpe

Odio a Peter. Odio a Peter con la misma desesperación con la que le abro mis piernas desde hace más de un año. Con la misma ansiedad con la que engullo su sexo hasta la asfixia. Con la misma frustración con la que lo deseo por encima de todo. Con el mismo desprecio. Con el mismo vacío. Con la misma gratitud.

miércoles, 15 de julio de 2015

La Maru, Treintacentímetros y el chat


“¿Cómo he podido yo vivir sin esto?” Se preguntaba Maruja una y otra vez, mientras preparaba un desayuno familiar para 4 personas. “¿Cómo he podido yo vivir sin esto?”. En el chat, tan discreto como siempre, Treintacentímetros. Así, con ese nickname tan romántico, que fue el primero que le robó a Maru el corazón en los mundos de Facebook.

Mientras, en la habitación se vestía su Paco. Ay Paco, si él supiera lo que se estaba perdiendo. Ella callaba y disimulaba todo el día, y Paco, no preguntaba. Paco estaba feliz de haber pasado del polvo dominguero semanal a una Maru extrañamente poseída por la pasión. A él, ya le iba bien.